Ya son meses sin escribir. Nada por qué llorar, nada por qué sufrir. Pero he vuelto lentamente a mis apuntes y anotaciones. Y a leer. Con pausa y sosiego abro mis libros antes de irme a la radio a trabajar. Escribo pequeñas frases en papeles llenos de instrucciones. Las llamadas en idioma periodístico pautas de edición.
Ahora estoy desvelado de tanto descansar, de tanto dormir. De tanto amar, reír y gozar. De tanto oír a The Beatles, de tanto tocar mi guitarra negra, de tanto aire sureño respirado, de tanta alegría acumulada, de tanto día soleado disfrutado.
La vida me sonríe con una paciencia gigantesca, con su gracia desenvuelta, con una belleza única, con una complacencia imperturbable, con una complicidad íntima.
Maduro a pasos agigantados, y ya no tengo miedo de caer de una gran altura para destrozarme en el piso. Cuando tenga que caer del árbol, será con una tranquilidad única, porque habrá dos manos blancas esperándome allá abajo. Esas mismas dos manos que tantas veces me acariciaron durante este último medio año.
Y ahí me quedaré. En esa tibieza que tiene 2 palmas y diez dedos, que con delicadeza me va quitando la cáscara.
1 comments:
ya somos dos los que van perdiendo el miedo.
Post a Comment